“No empieces tu día sin tenerlo diseñado en papel primero”, son las palabras de Jim Rohn, el reconocido empresario y orador estadounidense. Y en Rocketbox no podríamos estar más de acuerdo: Es así como los líderes deberían aplicarlo en sus empresas. La falta de planeación es uno de los principales motivos por los cuales los negocios fracasan en sus primeros años. ¿Qué problemas se derivan de no realizar esta tarea como una prioridad y de forma correcta? Imagina que estás en un velero. El viento es la fuerza que mueve a la embarcación y tú, a cargo de él, tienes el control del timón y de las velas. Pero ¿qué tal si el viento no sopla en la dirección hacia la que quieres ir? Si a esto le sumas que no trazaste tu ruta en un mapa con anterioridad, ¿qué pasaría? Lo más seguro es que te desviarías de tu destino final.

Tal como pasa con el viento en esta analogía, en una empresa hay muchos factores que influyen en aquello en lo que enfocas tu atención y energía durante el día. Estos “vientos” (circunstancias) pueden soplar desde diferentes puntos y, si no tienes un plan para retomar tu camino en caso de desviarte, terminarán llevándote hacia distintas direcciones, robando tú tiempo y alejándote de los objetivos principales, de tal manera que a la mínima dificultad, te verás forzado a fungir como un bombero apagando los fuegos y problemas de todas las áreas de la empresa. Algunas de las consecuencias de no planear y no contar con sistemas de acción, son:

  • Descontrol.
  • Frustración e incertidumbre.
  • Estar todo el día ocupado sin ser realmente productivo.
  • Cansancio.
  • Metas y objetivos no cumplidos.
  • Pérdida de oportunidades.
  • Mal manejo de recursos.
  • Depresión.
  • Estrés y ansiedad.
  • Incorrecta delegación de actividades.

 

Es fundamental que en una empresa exista un plan de negocios (por lo menos anual) para que todo el equipo sepa cómo accionar ante cualquier circunstancia, sea positiva o negativa. Cuando accionas te activas de forma controlada en función de lo que quieres lograr, a diferencia de cuando reaccionas, donde por lo general te activas ya tarde, sin control y basado en lo que ya pasó. Tal cual como en un velero, como directivo tienes la total facultad para dirigir tu empresa hacia las metas y objetivos establecidos, independientemente de que en muchas ocasiones “tu barco” dependa en mayor o menor medida de factores internos o externos. Dejar un negocio en manos del azar, en un error. Veamos este caso: Actualmente las empresas se encuentran ante posibles cambios en materia fiscal; aquellas que no se han dedicado a investigar sobre estas nuevas modificaciones, seguramente en 2019 se enfrentarán con una serie de problemas como pagar impuestos de más o hacer facturas de forma incorrecta lo cual, a su vez, generará para todo estrés y una increíble pérdida de tiempo. Toda esta cadena de problemas no es solo un “dolor de cabeza” para el director, sino también para el equipo, quienes pueden llegar a sentirse desmotivados, con dudas, trabajando con un bajo nivel creativo y sin saber distinguir entre lo importante y lo urgente.

 

¿Qué puedes hacer para prevenir estas posibles repercusiones negativas? Empieza por contemplar los siguientes puntos:

1.     Ten clara la misión (la razón de existir de tu empresa) y la visión (a dónde quieres llegar) de tu negocio.

 

2.     Reúnete con tu equipo de forma individual y pregúntales cuáles son las 3 actividades imprescindibles que deben desarrollar para cumplir de manera satisfactoria con su puesto.

 

3.     De igual forma, investiga con cada uno cuáles son las 3 prioridades de la posición que desempeñan.

Con el conocimiento de estos tres factores, tendrás un punto de partida para comenzar a diseñar un plan de negocios que permita a tu empresa crecer con éxito. Y tú, ¿estás listo para estructurar los pasos hacia tu próximo objetivo?

 

 

 

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